jueves, 20 de junio de 2013

Tenerife: "En las faldas del Gran Teide"



Muchos son los tesoros que podemos encontrar recorriendo las tierras de nuestro país. Pueblos preciosos y monumentos pero, por encima de todo, nos encontramos con maravillas naturales que nos dejan con la boca abierta. El lugar del que os hablo en este artículo es uno de ellos, uno de esos monumentos creado por nuestro planeta en un entorno inmejorable. Hoy nos vamos hasta la preciosa Isla de Tenerife para adentrarnos en su territorio y situarnos en las faldas del Teide, el pico más alto de España.

Nuestra aproximación al Parque Nacional de las Cañadas del Teide, uno de los mayores atractivos de las Islas Canarias, fue desde el norte ya que veníamos de visitar La Laguna, antigua capital de la isla situada muy cerca de Santa Cruz de Tenerife, hoy la actual capital. La carretera TF-24 llega hasta el mismo cráter del parque y nos sirve como perfecto observatorio mientras vamos ascendiendo poco a poco. Desde La Laguna recorremos unos 50 kilómetros hasta llegar al destino pero el trayecto nos obliga a hacer varias paradas ya que está repleto de paisajes extraordinarios.
  



Hicimos varias paradas en algunos de los miradores que encontramos en el camino. La mejor parada que hicimos fue justo antes de llegar a la carretera TF-21 para entrar dentro del cráter. Desde este punto pudimos descubrir la extraordinaria imagen del "Mar de Nubes". Sin duda fue un espectáculo natural, de esos que se quedan grabados durante mucho tiempo.





A partir de este punto empezamos a distinguir la silueta del gran Teide, una montaña que se alza 3717,98 metros sobre el nivel del mar. Ya no nos abandona en ningún momento, su imagen nos deja con la boca abierta hasta el punto de olvidarte de la cámara de fotos y quedarte embobado detrás de la ventanilla del coche. 



En ocasiones tenemos imágenes de la ladera por donde, poco a poco y conforme pasan las horas del día, va descendiendo esa densa alfombra blanca, que más que nubes parece algodón y que no deja ver lo que hay por debajo de ella. No hay palabras para describir esta imagen, al menos no como a mi me gustaría.



En este momento abandonamos la zona boscosa por la que habíamos ascendido y comenzamos a descubrir un paisaje más abierto que nos permite ver mejor la montaña y una amplia extensión a su alrededor. Entramos en el territorio del volcán, la vegetación desaparece y comienzan los paisajes volcánicos que parecen de ciencia ficción.



Sin duda el contraste es fuerte, hemos cambiado de carretera, comenzamos a descender y nos encontramos imágenes como la que os ofrezco a continuación. Paredes volcánicas de colores rojizos con formas extraordinarias son las que empezamos a ver a partir de este momento.  




Hacemos una parada en este punto, nos encontramos con un estupendo mirador que ofrece muy buenas vistas. La que os muestro bajo a estas líneas se corresponde con la foto de cabecera del artículo en la que se ve ese mar de nubes que poco a poco va descendiendo y despidiéndose de la montaña hasta el día siguiente. Posiblemente la mejor imagen de toda la ruta.





Y por fin nos encontramos dentro del cráter, las paredes del cono lo confirman. Un desolador y a la vez precioso paisaje que combina colores negros y rojos que marcan la antigüedad del terreno que estamos pisando.




En determinadas zonas del cráter te da la impresión de encontrarte en un desierto, encontramos lomas suaves que pueden asemejarse a pequeñas dunas pero con la peculiaridad de las formaciones rocosas que encontramos, sin duda una escena muy peculiar que contrasta a su vez con el intenso azul del cielo que nos acompañó durante todo el día.  





La vegetación es más bien escasa pero no inexistente. Algunos arbustos como la retama, el tanijaste o flores como la violeta del Teide, esta última visible a mayor altura de la que nosotros nos encontrábamos. A pesar de ello, en las zonas donde se concentran, podemos observar bonitos colores verdes, blancos y amarillos debido a las minúsculas flores que brotan de este tipo de vegetación.




Me guardo para el final una última fotografía, es inevitable no girar la vista hacia el Teide antes de abandonar el parque nacional. Al igual que la mayoría yo tampoco me pude resistir y busqué la mejor imagen que pude hacer para llevarme ese recuerdo imborrable de la isla. Tras inmortalizar la figura de este imponente monumento natural toca despedirse y esperar que no sea la última vez que nos volvamos a ver. 




Con estos deseos espero algún día volver a Tenerife y no solo poder estar de nuevo en las faldas del Teide sino también plantearme esa ruta imprescindible que hay que hacer alguna vez en la vida y que nos conduce hasta su punto más alto. Algún día volveré y llegaré hasta su cima.

Recordad que para llevar a cabo una aventura como ascender a lo más alto del Teide debéis pedir permiso a la oficina del parque, tan solo debéis tener esto en cuenta si decidís hacer esta ruta. En la web del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente podéis encontrar la información necesaria para solicitar los permisos.

Mucha gente viene hasta aquí tan solo para disfrutar de la magia que desprende esta gran montaña pero es indudable que esta isla afortunada tiene muchísimo más para disfrutar de tus vacaciones y de tu tiempo libre. Es tu turno ¿ya conoces Tenerife? ¿te la vas a perder?. Un saludo viajeros!!

2 comentarios :

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