miércoles, 26 de septiembre de 2018

Sudáfrica: Viaje a la nación del arcoiris

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Uno de los destinos que siempre habíamos tenido en mente era Sudáfrica y por fin se ha hecho realidad. Hoy podemos escribir este primer relato sobre la nación del arcoiris, un país que decidimos explorar por libre recorriendo cientos de kilómetros por carretera. A pesar de los largos recorridos, Sudáfrica se ha portado bien con nosotros, brindándonos la oportunidad de disfrutar al máximo de sus imponentes paisajes y su increíble fauna salvaje. Desde Johanesburgo al Parque Nacional Kruger, pasando por Blyde River Canyon y el Cabo Occidental. Este primer relato es un pequeño resumen para enseñaros una gran experiencia. Te invitamos a recorrer con nosotros Sudáfrica, un país al que quisiéramos volver una y otra vez.

VÍDEO RESUMEN DE UN VIAJE A SUDÁFRICA



LA NACIÓN DEL ARCOIRIS


A Sudáfrica se la conoce como la nación del arcoiris, principalmente desde la caída del Aparheid. Como posiblemente sepas, grandes personajes como Nelson Mandela lucharon por la igualdad entre las diferentes naciones, tribus y etnias que componían este gran país. Pero fue otro personaje relevante, Desmond Tutu, el que utilizó este termino para describir y poner en valor la multiculturalidad de Sudáfrica.

MAPA DE LUGARES VISITADOS EN SUDÁFRICA


Hoy, tras recorrer algunos de sus territorios, podemos decir que la expresión de nación del arcoiris es mucho más para nosotros.  Desde las inmensas sabanas y bosques ribereños del Parque Kruger a las impresionantes gargantas y cascadas de Blyde River Canyon. Camino al sur y descendiendo al Cabo de las Agujas, inmensos acantilados que contrastan con paisajes amarillos y verdes de interior. Todo ello con la imagen de las impresionantes montañas que aparecen en una gran cantidad de rincones del Cabo Occidental y salpicado por una rica fauna que en pocos sitios se deja contemplar tan fácilmente como en Sudáfrica.

RELATO DE UN VIAJE A SUDÁFRICA


Este viaje comienza a principios de septiembre de 2018. Una buen oferta de la compañía Ethiopian Airlines nos hizo dar el salto para decidirnos por Sudáfrica como siguiente destino. Por poco más de 400 € ida y vuelta, volaríamos desde Madrid a Johanesburgo para iniciar esta gran aventura. Como ya sabes, decidimos hacer este viaje por libre recorriendo kilómetros por carretera y para ello alquilamos un coche con antelación para recoger en el aeropuerto. Y así lo hicimos, nada más aterrizar cambiamos dinero y recogimos nuestro vehículo.

KRUGER: LA EXPERIENCIA DE UN SAFARI POR LIBRE


Nuestro primer destino sería el fascinante Parque Nacional Kruger, para realizar un safari de cinco días, en busca de la fascinante fauna sudafricana.De igual forma, con antelación habíamos reservado las estancias dentro del parque y pagado la cuota de conservación diaria que se exige para poder recorrer los caminos del Parque Kruger. La intención era permanecer dentro del parque, por lo que era requisito indispensable llevar los alojamientos contratados. De no ser así, la única opción es entrar y salir cada día, una opción que nos parecía una pérdida de tiempo.


Los alojamientos son diversos (camping, huts, bungalows, etc.) y dependen del campamento en el que te alojes. Nosotros elegimos diferentes opciones. Entramos por la Puerta Cocodrilo que se encuentra situada al sur y nos alojamos en primer lugar en el campamento Lower Sabie. La opción en este lugar fue un Hut o cabaña tradicional. Los siguientes dos días fuimos hacia el norte hacia otro campamento llamado Shukuza y terminamos en la zona centro del Parque Kruger, eligiendo el campamento conocido como Satara.

Tan solo llevábamos 10 minutos dentro del parque y fuimos sorprendidos por uno de los cinco grandes, el rinoceronte. Describir la imagen de 3 de estos enormes animales acercándose hacia la carretera es algo que no puede hacerse con palabras. Durante el día, tuvimos la suerte de divisar una manada de leones al lado del Río Sabie e incluso un guepardo comiendo la captura nocturna entre la maleza.

Ni que decir tiene que pudimos contemplar una gran variedad de hervívoros. Elefantes, impalas, bufalos, hipopótamos, ñus, jirafas, kudús y un largo etcétera que se complementa con un gran número de aves de todos los tamaños y colores. Los siguientes días en el parque nos trajeron múltiples sorpresas, como un grupo de decenas de elefantes bañándose en un río mientras eran observados en la distancia por un león macho en la distancia, un grupo de hienas con una hembra amamantando a sus cachorros o grupos de babuinos corriendo por la carretera entre los coches.

Esto es una versión muy reducida de una gran experiencia, que nos sirve para contarte que es posible realizar un safari por libre y con tu coche en el Parque Kruger. La posibilidad de contratar salidas para el avistamiento de animales con guia siempre es posible pero esto no tiene comparación con la adrenalina e ilusión con la que salíamos cada día a descubrir lo que este gran espacio natural nos quisiera ofrecer. Muy satisfechos de haber avistado tantos animales, tan solo se nos resistió uno de los cinco grandes, el esquivo leopardo que por muy poco no quiso dejarse ver.

BLYDE RIVER CANYON: EL GRAN CAÑON SUDAFRICANO


Tras nuestro emocionante safari por libre, el siguiente destino era Blyde River Canyon. Se encuentra a un par de horas al este del Parque Kruger y en dirección a Johanesburgo. Por ello, decidimos incluirlo en nuestras rutas por Sudáfrica ya que teníamos que regresar y creímos que merecía la pena pasar una noche en los alrededores. Para ello, reservamos alojamiento en la cercana localidad de Graskop. El lugar resulto ser ideal porque se encuentra muy bien situado con respecto a las principales atracciones.



Después de unos días conduciendo en Kruger por caminos de tierra, se agradece conducir por las excelentes carreteras que rodean Blyde River Canyon. En total, estuvimos recorriendo la zona una tarde y la mañana del día siguiente y fue suficiente para descubrir lugares como The Pinacle, Three Rodavels o Bourke´s Luck Potholes. así como algunas de las cascadas que se reparten a lo largo de la zona.  Los paisajes y los colores cambian radicalmente con respecto a lo que habíamos visto hasta ahora. Los prados verdes contrastan con rojizas gargantas y el azul del serpenteante Río Blade a su paso por el cañon. Esta segunda parada sin duda fue acertada, sirviéndonos también para descansar en un entorno envidiable antes de emprender nuestro camino de vuelta a Johanesburgo.

DESCUBRIENDO LA ALEGRE CIUDAD DEL CABO


Después de una semana en las carreteras, la especial y novedosa experiencia de conducir en Sudáfrica estaba superada. Digo esto, no solo porque en las poblaciones la conducción puede ser algo caótica, también por la particularidad de circular y conducir totalmente al revés de lo que estábamos acostumbrados. Carril, izquierdo, volante a la derecha, caja de cambios a la izquierda, mandos al revés, etc. El camino de vuelta a Johanesburgo no resulto complicado y llegamos al aeropuerto para devolver el coche con facilidad.

La intención era salir el día siguiente hacia Ciudad del Cabo en un vuelo que duraría alrededor de dos horas. Como teníamos el tiempo limitado, decidimos quedarnos en Kempton Park, un barrio cercano al aeropuerto que nos permitiría el acceso por la mañana con facilidad. Y así fue, cogimos el vuelo a las nueve de la mañana y alrededor de las once estábamos en un nuevo destino por descubrir.


Ciudad del Cabo es un lugar que respira alegría por todos los rincones. Tuvimos tiempo de recorrer sus barrios, como el antiguo y colorido Bo Kaap. Visitamos otros lugares de interés como el Castillo de Buena Esperanza, la Iglesia St. Mary o el City Hall con el balcón donde se encuentra una reproducción de Nelson Mandela saludando. También paseamos por el barrio de los seis museos, nos acercamos hasta el V&A  Waterfront y disfrutamos del buen ambiente de la famosa Long Street. No podemos olvidar la imprescindible y espectacular subida al Table Mountain, a lo que hay que agradecer al buen tiempo con el que nos recibió Ciudad del Cabo para poder contemplar las impresionantes vistas de la ciudad desde las alturas.

Como teníamos pensado recorrer gran parte del Cabo Occidental, alquilamos de nuevo un coche. Por esta razón, los desplazamientos para visitar la ciudad no resultaron complicados, como tampoco lo fue encontrar aparcamiento en una ciudad que aparentemente pueda indicar lo contrario debido al intenso tráfico. Respecto al tema de la seguridad tenemos que decir que Ciudad del Cabo no nos pareció un lugar inseguro. Únicamente en Long Street y con la circunstancia de ser de noche, comprobamos que había agentes de seguridad ciudadana en todas las manzanas. A pesar de ello, pudimos salir sin problemas a comer, cenar o tomar unos vinos y cervezas en esta apasionante ciudad. Como decimos, destacamos por encima de todo el color, la multiculturalidad o la alegría de sus habitantes en las facetas más simples de la vida diaria.

LA BELLEZA DEL CABO OCCIDENTAL


Al mismo tiempo que visitábamos Ciudad del Cabo, hacíamos escapadas mañaneras que a veces se alargaban hasta bien entrada la tarde, para descubrir la belleza del Cabo Occidental. Desde la ciudad hacia el sur, llegamos hasta el Cabo de las Agujas, el lugar donde se unen el Océano Atlántico y el Océano Indico. Este largo recorrido transcurría entre viñedos y campos de cultivo, haciéndonos recordar de nuevo el apropiado nombre de nación del arcoíris con el que Sudáfrica fue bautizada. Son tantos los colores y paisajes con los que nos encontramos en este viaje de cuatro horas que en muchas ocasiones resulta abrumador.


Tampoco se escapó de nuestros planes la visita al Cabo de Buena Esperanza, momento que también aprovechamos para recorrer la costa en busca de la ballena jorobada o la ballena franca austral, que en estas latitudes se dejan ver perfectamente desde los acantilados, mostrándonos su agilidad a la hora de realizar acrobacias fuera del agua.

Complementamos las rutas por el Cabo Occidental con visitas para descubrir la fauna marina del Océano Atlántico Algunos lugares destacados fueron Boulder Beach y sus singulares pingüinos, Duyker Islas y su colonia de focas, maravillosas playas como Muizemberg o Camps Bay y una de las principales razones por las que este viaje era tan deseado y especial, poder contemplar de cerca a los imponentes tiburones blancos.


Gansbaai fue el lugar elegido para realizar el buceo en jaula con tiburones, a apenas dos horas por carretera desde Ciudad del Cabo. La experiencia fue realmente excitante, a pesar de no haber tenido la suerte que cabía esperar. Vimos tiburones, con seguridad al conocido como Bronze Shark y sumergidos en la jaula también nos pareció ver a un gran blanco. Lo cierto es que en los últimos tiempos ha disminuido el avistamiento de tiburones debido al ingreso en la zona de manadas de orca que les han robado el territorio a los grandes blancos. A pesar de que en los últimos meses parecía haberse normalizado la situación, las posibilidades de ver a estos grandes peces no están al nivel de lo que debería ser habitual. Aún con todo, estar dentro del agua sabiendo que estábamos en su territorio nos hacía subir la adrenalina. Estamos seguros que pronto todo será igual y muy probablemente estemos dispuestos para regresar en busca del gran blanco.

Sudáfrica nos ha impactado realmente por múltiples razones. La sonrisa de sus gentes, su extraordinaria fauna salvaje, sus coloridos y pintorescos paisajes. Difícil resumir todo lo vivido en unas pocas líneas. Y así termina este breve relato en la increíble nación del arcoiris, pero recuerda que vamos a seguir escribiendo otros muchos artículos para que conozcas más de cerca esta increíble experiencia. ¿Te apetece descubrir Sudáfrica con nosotros? ¡Un saludo viajeros!


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